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miércoles, 1 de julio de 2015

…EL MIEDO FUE FRÍO, LA SOLEDAD INMENSA… LA CULPA ETERNAMENTE MÍA…




…EL MIEDO FUE FRÍO, LA SOLEDAD INMENSA… LA CULPA ETERNAMENTE MÍA…

             En esta oportunidad, nuestra coordinadora Dra. Marbella Camacaro Cuevas, pionera en Venezuela en la producción teórica sobre Violencia Osbtétrica y profesora titular de la Universidad de Carabobo, nos trae su más reciente artículo, el cual aborda la temática del aborto, a continación un resumen:


"Este ensayo se sostiene en un compromiso militante y académico de develar, desde el feminismo, una circunstancia de vida que solo es «vivida» «sentida» por el continente cuerpo/psiquis y vida cotidiana de las mujeres: el aborto. Desde allí, apoyar reflexiones de vida femenina para crear nuevos y distintos conocimientos que incidan en la transformación del  hegemonismo androcéntrico que impregna el discurso médico, gineco-obstétrico y toda la vida social en relación a la vivencia del aborto inducido. Metodológicamente lo sustentaremos en la escucha ética de un testimonio sobre aborto, lo cual supone el reconocimiento de la subjetividad, la valoración de lo personal como asunto de interés colectivo, político, cuya incidencia e impacto en lo epidemiológico lo convierte en materia de políticas públicas, y un asunto de estado"
Marbella Camacaro Cuevas

Publicado en la Revista Venezolana de Estudios de la Mujer del Centro de Estudio de la Mujer de la Universidad Central Venezuela


ESTATE CALLADITA; PROYECTO KAHLO

En esta oportunidad compartimos el testimonio de dos mujeres que pasaron por la experiencia del aborto y que han sido publicados por nuestras hermanas de  Proyecto Kahlo

Dos fridas nos cuentan sus experiencias de violencia obstétrica, en las cuales el dolor físico fue poco comparado con el emocional.

Ilustración: Basura Especial

Me quedé embarazada con 21 años porque tuve relaciones sexuales sin protección con un chico, que era mi pareja por aquel entonces. Sí, ya lo sé, muy mal. Pero después de esto no volverá a ocurrir más, y de hecho, en estos dos últimos años no me ha vuelto a pasar. Me dejó tan marcada que incluso tomando precauciones sigo teniendo miedo a quedarme embarazada. Por otra parte, se ha visto afectado mi deseo sexual por este miedo.
Bueno, os cuento para que podáis entenderme. Cuando me quedé embarazada lo noté en seguida. Tenía todos los síntomas, y mis hormonas (a las cuales soy muy susceptible), me provocaron un estado de felicidad bastante anormal en mí. Cuando la ginecóloga me confirmó que estaba embarazada, no me asusté porque ya lo sabía, y además tenía claro que no lo quería/podía tener; 21 años, una relación de pareja muy inestable, muchos sueños por delante, el ejemplo de vida de mi madre como madre soltera… No, no estaba preparada ni dispuesta a asumir tantas penurias. Aunque teniéndolo aparentemente tan claro, había algo en mí que se preguntaba:  “¿Por qué no?”
Yo sostengo la teoría de que el bienestar en el que me tenían inmersa mis hormonas fue el responsable de esto, y para mí fue algo que complicó mucho la situación. Os sigo contando.
Me dieron cita para ir a otra ginecóloga que me iba a hacer una ecografía para ver el tamaño del feto, y para concretar la fecha del aborto. Bien, pues esta persona ha sido la persona más inhumana, desagradable, amargada, bruta (así podría seguir todo el día) que he tenido la desgracia de conocer en toda mi vida en el ámbito de la medicina. Menos mal que me había acompañado mi mejor amiga a la consulta, porque si llego a estar sola ese día con mi cóctel de hormonas, no sé qué hubiera sido de mí. Esta señora me habló y me trató con desprecio desde que le dije que tenía clara la decisión de abortar, incluso me hizo daño físicamente cuando me estaba haciendo la ecografía; se le notaba rabiosa. En serio, no exagero. Recuerdo que me chocó mogollón porque yo estaba súper feliz, y esta actitud me provocó un bajón del copón. Hubo un momento en el que le pedí si podía mirar lo que llevaba dentro de mí. Me puso cara de asco y giró la pantalla de mala leche mientras decía: ” ¡Puf! ¡Por mí! “
Yo creo que a una persona que está en la situación en la que yo estaba hay que tratarla con más tacto. No como a una niña, pero sí siendo agradable y teniendo en cuenta sus sentimientos. Eso una ginecóloga lo tiene que saber de sobra. Bueno, dejando esto a parte, resulta que yo estaba embarazada de menos de un mes. Le pedí tomarme la pastilla y me dijo que no, que tenía que esperar otro mes para ver si se producía un aborto espontáneo. Yo, en el momento no me di cuenta, pero luego lo hablé con mi médico y me dijo todo enfadado: ” ¿Aborto espontáneo?, ¿tú?, ¿una mujer de 21 años?, ¡venga ya, por favor!”.
Pues pasó el mes y claro, ni aborto espontáneo ni leches, y yo cada vez más envuelta en el falso bienestar y en las dudas. Al final, dejaron pasar demasiado tiempo para poder recurrir a la pastilla, y tuvieron que intervenirme quirúrgicamente. Es lo más doloroso que me han hecho nunca. El trato del personal de la clínica fue muy bueno, la verdad, pero me dolió muchísimo. Y fuera de eso, tuve también el shock emocional de “ya no estoy embarazada”, gracias a mis hormonas, que se quedaron locas perdidas. Menos mal que en esta ocasión también estaba acompañada, esta vez de mi hermana. Me pegué un mes con una depresión tremenda.
Al menos todo esto me ha servido para saber reconocer este tipo de agresiones y poder hacerles frente en un futuro si se vuelven a repetir. Gracias por dejar que cuente mi historia, ¡un abrazo enorme!

Mónica Navarro Vilches (23), Irurtzun (Navarra).
No me lo pensé dos veces, y todavía no me sorprendo por ello. Antes de todo, debo aclarar que aunque en ese momento decidiera abortar no quiere decir que no quiera tener hijos nunca, o que no me gusten los niños. No sé si fue por la visión que tenía de mí misma y de mi futuro en ese entonces, por el novio que tenía o porque había leído y entendido mis derechos como mujer; sólo sé que un buen día fui (con mi actual ex) al lugar de Bogotá que tiene fama al respecto. Allí, nuestras caras de angustia hicieron que los mismos que ofrecen ecografías nos ofrecieran las pastillas para la interrupción voluntaria del embarazo.
Dos días después de esto me inició un dolor muy fuerte en el vientre, volvimos a lugar, y resultó ser un embarazo ectópico (el óvulo fertilizado se desarrolla fuera del útero) roto. No discutí. Las cosas ya estaban hechas, y si no me apuraba podía perder el ovario, así que fui remitida de inmediato a un hospital.
Imaginen entonces lo que sentí mientras esperaba, en una sala de partos, una cirugía en la que podía perder además de la trompa de Falopio, un ovario, y por lo tanto, reducir mi fertilidad. No entendía qué hacía en esa sala. Se escuchaban los gemidos de todas, su respiración y las indicaciones médicas. Podía ver sin mucha dificultad el parto de otras mujeres (algo normal en una sala de partos), pero, ¡yo no iba a parir!
Cuando me pasaron a cirugía, el anestesiólogo me hizo firmar un consentimiento médico para llevar a cabo el procedimiento que no me había explicado, pero que deduje cuando me pidió que me pusiera de costado. La conversación la tengo grabada en mi mente:
– ¿Es en la columna?
– Sí.
– Yo no quiero esa anestesia, a mi mamá se la pusieron y todavía le duele la cintura.
– Pero este es un tipo de anestesia diferente (dijo él de forma seca, sin explicar por qué era diferente).
– No me importa, no la quiero.
– Ah, entonces usted es anestesióloga – dijo con ese tono de sabelotodo prepotente que tienen algunos médicos.
– No, no lo soy, pero es mi cuerpo y no la quiero.
– ¡No tiene por qué ser grosera señora!
¿Grosera?, ¿por pedirle que tomara en cuenta mis consideraciones sobre mi cuerpo? Sentí que estaba siendo consecuente. Si había tomado la decisión de abortar, porque puedo elegir sobre mi cuerpo y mi vida, no me debía callar ante algo que podía dejarme con dolor en la cintura por décadas.
Desperté en una pequeña sala sin divisiones de ningún tipo, al lado de un par de mamás felices que abrazaban a sus hijos recién nacidos. ¡Yo no quería ver mujeres felices! Después me subieron a una habitación en donde había una cuna, ¿les parece lógico dejar una cuna en una habitación de una paciente que acaba de tener complicaciones en su embarazo, y que por lo tanto, no necesita la cuna?
Una vez llegada a casa, encontré algunas consideraciones al respecto: El termino violencia obstétrica es un momento de completa vulnerabilidad para la mujer en general, pero por otra parte, también me dio la sensación de que es algo que sucede sobre todo con las mujeres que no están por parir; mujeres que como yo, no tuvieron un “feliz término” de su embarazo en ese momento. ¿Es que acaso como ya no existe bebé de por medio no se considera la salud de la madre? ; ¿por qué en el momento en el que una mujer no quiere tener un bebé se considera que nunca más querrá y se piensa que su cuerpo puede ser maltratado?
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Alma Alonso (24) Bogotá, Colombia.

martes, 9 de junio de 2015

Irlanda: Fetos muertos hasta término del embarazo

Las mujeres y niñas embarazadas corren el riesgo de poner en peligro su salud y su vida si permanecen en Irlanda, afirma Amnistía Internacional en un informe publicado hoy sobre la ley que regula el aborto en este país.
El informe, No es ninguna delincuente. Las consecuencias de la legislación sobre el aborto en Irlanda, documenta casos terribles en los que las autoridades irlandesas han negado a mujeres y niñas la atención de la salud que necesitaban y han concedido prioridad a la vida del feto, que está protegida por una enmienda a la Constitución irlandesa introducida en 1983.
La ley sobre el aborto de Irlanda, que sólo permite la interrupción del embarazo si la vida de la mujer corre peligro, es una de las más restrictivas del mundo, y obliga cada año a un mínimo de 4.000 mujeres y niñas a viajar fuera del país para someterse a un aborto, con un considerable costo mental, económico y físico. Las mujeres y niñas que no pueden viajar se quedan sin acceso al tratamiento médico que necesitan, o se arriesgan a sanciones penales si se someten a un aborto ilegal en su país.
“El reciente referéndum sobre Igualdad en el Matrimonio mostró un país que se siente orgulloso de ser una sociedad abierta e inclusiva, pero no todo está bien en la República de Irlanda. Los derechos humanos de las mujeres y niñas se violan a diario debido a una Constitución que las trata como si fueran vasijas fecundadoras”, ha afirmado Salil Shetty, secretario general de Amnistía internacional.
“Las mujeres y niñas que necesitan un aborto son tratadas como delincuentes, son estigmatizadas y se ven obligadas a viajar al extranjero, pagando un grave precio en salud mental y física. El Estado irlandés no puede seguir ignorando esta realidad y el terrible impacto que tiene en miles de personas cada año.”
“Temería por mi vida”
El informe presenta el testimonio de mujeres que se han sometido a abortos en el extranjero, algunas de las cuales sufrieron abortos espontáneos pero se vieron obligadas a llevar dentro de su cuerpo un feto muerto o inviable durante semanas con la vana esperanza de obtener en Irlanda la atención de la salud que necesitaban.
Róisín se vio obligada a llevar un feto muerto durante semanas porque los médicos querían estar absolutamente seguros de que el corazón del feto no latía. Róisín dijo a Amnistía Internacional:
“No me inclinaría a confiar en los servicios para mujeres de este país en este momento.”
Lupe, que llevó en su cuerpo un feto sin latido alguno durante 14 semanas, dijo a Amnistía Internacional que tuvo que viajar a su país de origen, España, para recibir un tratamiento médico adecuado:
“No me sentía segura en absoluto. [...] Me sentía realmente asustada porque tenía claro que, si surgía alguna complicación, esa gente me dejaría morir.”
Pero la atención preferente al feto implica que no sea sólo a las mujeres que intentan someterse a un aborto a las que se niega la atención de la salud. Profesionales de la salud negaron a Rebecca H., que estaba gravemente enferma, una cesárea por miedo a que perjudicara al feto. En cambio, la obligaron a soportar 36 horas de parto diciendo que su trabajo era “velar por el bebé, el bebé es lo primero”. Rebecca dijo a Amnistía Internacional:
“Temería por mi vida en caso de tener otro hijo en Irlanda.”
El doctor Peter Boylan, tocólogo, ginecólogo y ex director y director clínico del National Maternity Hospital de Irlanda, dijo a Amnistía Internacional en relación con la cuerda floja legal y ética por la que se ve obligado a caminar el personal médico:
“En virtud de la [ley actual] debemos esperar hasta que las mujeres están lo bastante enfermas para poder intervenir. ¿Hasta qué punto hemos de acercarnos a la muerte? No hay respuesta para eso”.
Una de las leyes sobre el aborto más restrictivas del mundo
Irlanda es el único país de Europa –aparte de Andorra, Malta y San Marino– que prohíbe que las mujeres se sometan a un aborto incluso en caso de violación, malformación grave o fatal del feto o riesgo para su propia salud, algo que es su derecho humano en virtud del derecho internacional.
Amnistía Internacional ha lanzado hoy una campaña para pedir a Irlanda que modifique su ley para que las mujeres y niñas puedan someterse a un aborto en esos casos, como mínimo.
La legislación irlandesa incluso tipifica como delito que médicos y orientadores den a las mujeres información completa sobre qué tratamiento necesitan y cómo acceder a un aborto sin riesgos. Médicos y orientadores que hablaron con Amnistía Internacional de su frustración ante la Ley de Regulación de la Información irlandesa, que grupos defensores de los derechos quieren que Irlanda revoque.
“Las draconianas leyes de Irlanda han creado un clima de miedo en el que los orientadores pueden ser multados por decir a las mujeres cómo buscar atención médica, y en consecuencia algunas mujeres evitan totalmente a los médicos”, ha afirmado Colm O’Gorman, director ejecutivo de Amnistía Internacional Irlanda.
“Irlanda hace la vista gorda cuando las mujeres viajan al extranjero para someterse a un aborto, y es indiferente al sufrimiento que ello implica. Condena a las débiles, pobres y vulnerables que no pueden viajar a convertirse en delincuentes por tomar decisiones sobre su cuerpo, decisiones que a veces son una cuestión de vida o muerte.
Irlanda debe enmendar la Constitución y eliminar la protección del feto. Esto tiene que suceder con urgencia ya que las leyes actuales de Irlanda ponen en peligro cada día vidas de mujeres y niñas.”
Foto: National Maternity Hospital, Dublín. © Amnesty International / Eugene Langan

domingo, 4 de octubre de 2009

Código Penal: Sobre el Aborto.


A lo largo de esta semana diferentes informaciones y noticias sobre la despenalización del aborto en nuestro país han salido publicadas en diferentes medios de comunicación. No obstante, en este momento nos vamos a referir a dos puntos bastante interesante sobre el tema que está en apogeo nacional, y que no podemos dejar pasar por el simple hecho de que el 28 de Septiembre ya haya transcurrido (Día de la lucha de la despenalización del aborto).

Paseando por las noticias mas actuales sobre el aborto, nos topamos con un artículo en el que se reseña los resultados del III Encuentro Nacional sobre la violencia contra las mujeres que se llevó a cabo en nuestra ciudad capital, Caracas. En donde la Ministra del Poder Popular para la Mujer e Igualdad de Género, María León, planteó derogar* los artículos del actual Código Penal referidos a la interrupción del embarazo, por considerarlos contradictorios a lo planteado a su vez en la Constitución. (accede a la fuente aquí para ampliar información).

Por otra parte, hacemos mención precisamente de la columna "Mujer Género" que apareció en el diario regional "El Siglo" el pasado Martes 29 de Septiembre, evidentemente sobre el tema de la despenalización del aborto, en el cual, en pocas palabras desarman los artículos 430, 431-436 sobre el aborto provocado del Código Penal. Y se vuelve una historia "medieval" como bien lo describe la columna, la forma en que el artículo 436 expresa su condición de disminución de la pena siempre que sea "en caso de que el autor del aborto lo hubiera cometido por salvar su propio honor, o la honra de su esposa, de su madre, de su descendiente, de su hermana, de su hija adoptiva".

Esto último es solo parte de la bastante interesante y completa columna correspondiente al tema, que nos gustaría invitarles a leer, sin embargo no fue posible encontrarla en la red. Aún así, los invitamos a seguir informándose.

(*) Derogar: Se denomina derogación, en Derecho, al procedimiento a través del cual se deja sin efecto a una disposición normativa, ya sea de rango de ley o inferior. La derogación es, por tanto, la acción contraria a la promulgación. (wiki)