Mostrando entradas con la etiqueta testimonios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta testimonios. Mostrar todas las entradas

miércoles, 1 de julio de 2015

Niñas egipcias temen el verano por la mutilación genital

Para millones de niñas egipcias el verano es el momento en el son sometidas a la dolorosa y tortuosa mutilación genital femenina. Christina Mourad/UNFPA/Egypt/2015)
(CNN) - Días de verano: son los que forjan los recuerdos de infancia, tardes gloriosas de libertad sin control para retozar con amigos al sol, liberados de las obligaciones terrenales de una clase de matemáticas que nunca pareció tan alejada.

       Pero para millones de colegialas de Egipto, este momento del año representa algo mucho más sombrío: el inicio de la temporada de mutilación genital femenina (MGF).

Mona Mohamed tenía diez años de edad cuando se le sometió a lo que también se conoce como una circuncisión femenina en un caluroso día de verano en su pueblo en el Alto Egipto.
"Estaba aterrada", dijo ella. "Me sujetaron, mi madre por un lado y mi abuela por el otro". Mientras Mona se revolcaba, sujetada por sus seres queridos al suelo de la sala, un médico le inyectaba anestesia.
Mona recuerda que le dieron un trozo de chicle para masticar antes de que finalmente se desmayara. No fue sino hasta que se despertó cuando se dio cuenta de que había sido mutilada.
Egipto: la capital del mundo de la mutilación genital femenina
Relatos como los de Mona están lejos de ser extraños en Egipto, donde "el corte" ha sido un ritual brutal de paso para las chicas jóvenes desde la época de los faraones.

De las más de 125 millones de niñas y mujeres vivas hoy en día que se han sometido al procedimiento, una de cada cuatro vive en Egipto. Según la ONU, eso es más que cualquier otro país del mundo.
Según un informe del gobierno publicado en mayo, noventa y dos por ciento de las mujeres egipcias casadas –de 15 a 49 años– han sido sometidas a la MGF. Esa cifra ya se redujo del 97% en el 2000, pero la práctica sigue siendo la norma en Egipto.
La mayoría de las niñas son cortadas entre las edades de nueve y 12 años, y las operaciones por lo general se llevan a cabo durante las vacaciones de verano de la escuela para que las niñas puedan recuperarse en casa.
Funcionarios de la ONU dicen que la MGF no tiene beneficios médicos y que puede causar un trauma físico y emocional para toda la vida en las mujeres que se vieron obligadas a someterse al procedimiento.
"Esto es una violación flagrante de los derechos humanos", le dijo Jaime Nadal-Roig, el representante del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA, por sus siglas en inglés) en El Cairo, a CNN. "Esto no le añade nada a la vida de la niña, y no existen razones médicas o religiosas de ningún tipo".

Una tradición célebre
El procedimiento más común de MGF en Egipto es del tipo 1, la eliminación parcial o total del clítoris. Es lo que Mona Mohamed –y sus hermanas mayores– soportaron hace años.
En comparación con sus hermanas, Mona tuvo suerte, ya que su procedimiento fue realizado por un médico. Sus hermanas fueron circuncidadas con una hoja de afeitar por una partera tradicional (no certificada), quien puso tierra sobre sus heridas para detener el sangrado.
Mona, que ahora tiene 47 años, recuerda haberle preguntado a su madre por qué el ser circuncidada era tan importante. "Por lo general, las niñas de tu edad se 'excitan', y esta operación se encarga de eso", respondió su madre.
La MGF ha sido ilegal en Egipto desde el 2008, pero la práctica permanece tejida en la trama misma de la sociedad egipcia, donde muchos ven el corte como una forma de "purificar" a una chica y convertirla en material para matrimonio.

"La gente solía tener una fiesta después de que una niña era circuncidada, ellos lo celebraban e intercambiaban regalos", dijo Nadal-Roig. "Así que para ellos el dejar esto y decir: 'mira esto es un delito, esto es pecado o esto no está permitido por la religión' significa oponerse a muchísimas creencias y normas sociales".
Los activistas están a la ofensiva
Pero se están haciendo progresos. El porcentaje de niñas entre 15 y 17 años que han sido sometidas al procedimiento se ha reducido del 74,4% en 2008 al 61% en 2014... una clara señal de que la campaña para acabar con la MGF está funcionando, dicen los activistas.
La semana pasada, Egipto anunció un plan para reducir la MGF en un 10-15% en los próximos cinco años. Si funciona, significará que, por primera vez en décadas, las niñas "sin cortes" superarían en número a las que han sido sometidas al procedimiento.
"Es un plan ambicioso, pero ahora creo que la atmósfera política nos está apoyando y podemos alcanzar nuestra meta", dijo Vivian Fouad, oficial del Consejo Nacional de Población que dirige el puesto gubernamental para erradicar la MGF. "Durante años estuvimos a la defensiva, pero ahora estamos a la ofensiva".
La lucha para erradicar la MGF en Egipto se está desplegando en una serie de frentes, desde los tribunales hasta los lugares de culto, hasta las calles de las ciudades de mayor riesgo.
En enero, un médico fue condenado por cargos relacionados con la mutilación de una niña... la primera condena de este tipo desde que la prohibición de 2008 entró en vigor.
El veredicto fue una victoria para la campaña contra la MGF, pero Fouad dice que, cuando se trata de la ley, demasiados médicos todavía están dispuestos a recibir el dinero de las familias y ver hacia otro lado.
"Es un buen ingreso para los médicos", dijo Fouad. "Y los antecedentes sociales y culturales de algunos médicos apoyan la MGF".
Fouad clasifica la batalla contra la circuncisión femenina como una lucha para la clase media: "Si los médicos, los jueces, los fiscales y los profesores apoyan la MGF, ¿cómo vamos a convencer a las mujeres más pobres de no practicarla?"
Los activistas también están tratando de persuadir a los líderes religiosos locales para que dejen de predicarle a las madres acerca de los supuestos beneficios de la MGF. A menudo esto es algo difícil de hacer en un país donde más de la mitad de las mujeres todavía creen, erróneamente, que el corte es requerido por la religión, según la encuesta más reciente.

"Necesitas hacer que las personas no deseen someter a sus hijas a este procedimiento", dijo Germain Haddad, oficial del programa del UNFPA. "Necesitas trabajar en las convicciones de las personas".

Para tal fin, el UNFPA ha contratado a un grupo de teatro para realizar sketches cómicos en las calles de las comunidades de todo el país para fomentar el debate –y la duda– sobre la necesidad de la MGF.
"Muchas de estas personas son tímidas", dijo Haddad. "Cuando solíamos hacer seminarios acerca de la MGF era muy difícil conseguir que la gente dijera lo que pensaba y que hiciera preguntas".
"Estas obras actúan como un rompehielos que facilita el tema como si fuera magia", dijo ella. "Y las mujeres llegan a ver de una manera cómica que la MGF es ridícula".
"Odio al hombre que me hizo esto"
Pero esto sigue siendo una lucha cuesta arriba. De acuerdo con la encuesta más reciente del gobierno, alrededor de seis de cada 10 mujeres piensan que la práctica debe continuar.
"Es la tradición y no hay escapatoria", dice Sarah Abulaziz Mohamed, quien fue circuncidada a los 12 años en su pueblo, Mansour.

"Me lastimó la dignidad... me vi obligada a someterme a este acto que yo no deseaba hacer", dijo. "Odio al hombre que me hizo esto".
Sarah ahora tiene 40 años de edad y tiene dos hijas. Ella dice que la MGF la dejó con un trauma psicológico para toda la vida, pero al menos le enseñó una valiosa lección.

"Definitivamente no se lo haría a mis hijas por ninguna razón", dijo. "Hasta el día de hoy, todavía tengo dolor, y lo que se ha ido, se ha ido... nada me puede devolver esa parte de mí".

ESTATE CALLADITA; PROYECTO KAHLO

En esta oportunidad compartimos el testimonio de dos mujeres que pasaron por la experiencia del aborto y que han sido publicados por nuestras hermanas de  Proyecto Kahlo

Dos fridas nos cuentan sus experiencias de violencia obstétrica, en las cuales el dolor físico fue poco comparado con el emocional.

Ilustración: Basura Especial

Me quedé embarazada con 21 años porque tuve relaciones sexuales sin protección con un chico, que era mi pareja por aquel entonces. Sí, ya lo sé, muy mal. Pero después de esto no volverá a ocurrir más, y de hecho, en estos dos últimos años no me ha vuelto a pasar. Me dejó tan marcada que incluso tomando precauciones sigo teniendo miedo a quedarme embarazada. Por otra parte, se ha visto afectado mi deseo sexual por este miedo.
Bueno, os cuento para que podáis entenderme. Cuando me quedé embarazada lo noté en seguida. Tenía todos los síntomas, y mis hormonas (a las cuales soy muy susceptible), me provocaron un estado de felicidad bastante anormal en mí. Cuando la ginecóloga me confirmó que estaba embarazada, no me asusté porque ya lo sabía, y además tenía claro que no lo quería/podía tener; 21 años, una relación de pareja muy inestable, muchos sueños por delante, el ejemplo de vida de mi madre como madre soltera… No, no estaba preparada ni dispuesta a asumir tantas penurias. Aunque teniéndolo aparentemente tan claro, había algo en mí que se preguntaba:  “¿Por qué no?”
Yo sostengo la teoría de que el bienestar en el que me tenían inmersa mis hormonas fue el responsable de esto, y para mí fue algo que complicó mucho la situación. Os sigo contando.
Me dieron cita para ir a otra ginecóloga que me iba a hacer una ecografía para ver el tamaño del feto, y para concretar la fecha del aborto. Bien, pues esta persona ha sido la persona más inhumana, desagradable, amargada, bruta (así podría seguir todo el día) que he tenido la desgracia de conocer en toda mi vida en el ámbito de la medicina. Menos mal que me había acompañado mi mejor amiga a la consulta, porque si llego a estar sola ese día con mi cóctel de hormonas, no sé qué hubiera sido de mí. Esta señora me habló y me trató con desprecio desde que le dije que tenía clara la decisión de abortar, incluso me hizo daño físicamente cuando me estaba haciendo la ecografía; se le notaba rabiosa. En serio, no exagero. Recuerdo que me chocó mogollón porque yo estaba súper feliz, y esta actitud me provocó un bajón del copón. Hubo un momento en el que le pedí si podía mirar lo que llevaba dentro de mí. Me puso cara de asco y giró la pantalla de mala leche mientras decía: ” ¡Puf! ¡Por mí! “
Yo creo que a una persona que está en la situación en la que yo estaba hay que tratarla con más tacto. No como a una niña, pero sí siendo agradable y teniendo en cuenta sus sentimientos. Eso una ginecóloga lo tiene que saber de sobra. Bueno, dejando esto a parte, resulta que yo estaba embarazada de menos de un mes. Le pedí tomarme la pastilla y me dijo que no, que tenía que esperar otro mes para ver si se producía un aborto espontáneo. Yo, en el momento no me di cuenta, pero luego lo hablé con mi médico y me dijo todo enfadado: ” ¿Aborto espontáneo?, ¿tú?, ¿una mujer de 21 años?, ¡venga ya, por favor!”.
Pues pasó el mes y claro, ni aborto espontáneo ni leches, y yo cada vez más envuelta en el falso bienestar y en las dudas. Al final, dejaron pasar demasiado tiempo para poder recurrir a la pastilla, y tuvieron que intervenirme quirúrgicamente. Es lo más doloroso que me han hecho nunca. El trato del personal de la clínica fue muy bueno, la verdad, pero me dolió muchísimo. Y fuera de eso, tuve también el shock emocional de “ya no estoy embarazada”, gracias a mis hormonas, que se quedaron locas perdidas. Menos mal que en esta ocasión también estaba acompañada, esta vez de mi hermana. Me pegué un mes con una depresión tremenda.
Al menos todo esto me ha servido para saber reconocer este tipo de agresiones y poder hacerles frente en un futuro si se vuelven a repetir. Gracias por dejar que cuente mi historia, ¡un abrazo enorme!

Mónica Navarro Vilches (23), Irurtzun (Navarra).
No me lo pensé dos veces, y todavía no me sorprendo por ello. Antes de todo, debo aclarar que aunque en ese momento decidiera abortar no quiere decir que no quiera tener hijos nunca, o que no me gusten los niños. No sé si fue por la visión que tenía de mí misma y de mi futuro en ese entonces, por el novio que tenía o porque había leído y entendido mis derechos como mujer; sólo sé que un buen día fui (con mi actual ex) al lugar de Bogotá que tiene fama al respecto. Allí, nuestras caras de angustia hicieron que los mismos que ofrecen ecografías nos ofrecieran las pastillas para la interrupción voluntaria del embarazo.
Dos días después de esto me inició un dolor muy fuerte en el vientre, volvimos a lugar, y resultó ser un embarazo ectópico (el óvulo fertilizado se desarrolla fuera del útero) roto. No discutí. Las cosas ya estaban hechas, y si no me apuraba podía perder el ovario, así que fui remitida de inmediato a un hospital.
Imaginen entonces lo que sentí mientras esperaba, en una sala de partos, una cirugía en la que podía perder además de la trompa de Falopio, un ovario, y por lo tanto, reducir mi fertilidad. No entendía qué hacía en esa sala. Se escuchaban los gemidos de todas, su respiración y las indicaciones médicas. Podía ver sin mucha dificultad el parto de otras mujeres (algo normal en una sala de partos), pero, ¡yo no iba a parir!
Cuando me pasaron a cirugía, el anestesiólogo me hizo firmar un consentimiento médico para llevar a cabo el procedimiento que no me había explicado, pero que deduje cuando me pidió que me pusiera de costado. La conversación la tengo grabada en mi mente:
– ¿Es en la columna?
– Sí.
– Yo no quiero esa anestesia, a mi mamá se la pusieron y todavía le duele la cintura.
– Pero este es un tipo de anestesia diferente (dijo él de forma seca, sin explicar por qué era diferente).
– No me importa, no la quiero.
– Ah, entonces usted es anestesióloga – dijo con ese tono de sabelotodo prepotente que tienen algunos médicos.
– No, no lo soy, pero es mi cuerpo y no la quiero.
– ¡No tiene por qué ser grosera señora!
¿Grosera?, ¿por pedirle que tomara en cuenta mis consideraciones sobre mi cuerpo? Sentí que estaba siendo consecuente. Si había tomado la decisión de abortar, porque puedo elegir sobre mi cuerpo y mi vida, no me debía callar ante algo que podía dejarme con dolor en la cintura por décadas.
Desperté en una pequeña sala sin divisiones de ningún tipo, al lado de un par de mamás felices que abrazaban a sus hijos recién nacidos. ¡Yo no quería ver mujeres felices! Después me subieron a una habitación en donde había una cuna, ¿les parece lógico dejar una cuna en una habitación de una paciente que acaba de tener complicaciones en su embarazo, y que por lo tanto, no necesita la cuna?
Una vez llegada a casa, encontré algunas consideraciones al respecto: El termino violencia obstétrica es un momento de completa vulnerabilidad para la mujer en general, pero por otra parte, también me dio la sensación de que es algo que sucede sobre todo con las mujeres que no están por parir; mujeres que como yo, no tuvieron un “feliz término” de su embarazo en ese momento. ¿Es que acaso como ya no existe bebé de por medio no se considera la salud de la madre? ; ¿por qué en el momento en el que una mujer no quiere tener un bebé se considera que nunca más querrá y se piensa que su cuerpo puede ser maltratado?
X
Alma Alonso (24) Bogotá, Colombia.